lunes, 18 de agosto de 2014

ESCALPELO


LA POESÍA


La poesía vuelve
aunque no estés.

La poesía reincide 
aunque te vayas.

La poesía insiste.
La poesía no miente.

La poesía no muere.

    Salta muros de piedra
    rompe rejas ocultas
    crepita entre las llamas


¡Surge de las cenizas su mudanza!
              
                                                 Ramón Ordaz


                                                carabalícarabalícarabalícarabalícarabalícarabalí


Una vez que el hombre bajó de los árboles y tomó la pradera, nunca más se detuvo en su carrera armamentista, sí, de creador de armas para su eterno complejo de autodefensa. Las sombras como la infinitud le acechaban constantemente. Creó tótems, bautizó dioses, entidades protectoras en cada piedra, en cada montaña, en cada lecho de agua duendes, homúnculos, en fin, su doble, para dar seguridad con ese ritual a una marcha que no ha tenido reposo. Teme a Dios, su mayor enemigo, y día tras días inventa armas más sofisticadas para destruirlo. ¿Qué otra explicación dar a la barbarie de un campo tecnológico puesto al servicio del más desalmado de los propósitos: la constante producción de armas que no tiene otro fin que el de la guerra de pueblos contra pueblos, de hermanos contra hermanos? "El hombre es un lobo para el hombre", célebre frase de Thomas Hobbes, es la más cruel definición de esa criatura que puebla y despuebla la tierra al mismo tiempo. Desde el pico chelense a las armas nucleares, ¿ha cambiado el hombre en sus fines? 
También ha creado armas el hombre para abrir y extirpar de su propio cuerpo la formación anómala. La cirugía es tan antiquísima como la primera guerra tribal. Nuestros incas inventaron el Tumi para practicar la trepanación; los antiguos oficiaban también en ese sentido porque querían curiosear qué había en esa caja craneal que unas veces funcionaba a cabalidad y, otras, perdía todo sentido de orientación. El bisturí moderno no pocas bondades ha traído a la ciencia que ejercen esos brujos de academia, los médicos. El bisturí de diamante, el láser, son expeditas armas científicas para tratar a nuestros enfermos. Quienes soportan la prueba pasan temporalmente a mejor vida; los que no, a padecer el martirio de las horas presentes hasta que los hados lo convoquen a su última morada. El escalpelo, ese instrumento que hace la guerra con fines humanitarios, lo utilizaremos aquí para hacer las necesarias cirugías en la perturbación literaria que padece nuestro país de origen, Venezuela. 

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